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LA VANGUARDIA

El legado de Elsa Peretti, de poderosa filántropa a joyera incomparable

“Piensa que todo esto empieza cuando ella tenía 60 años, cuando estaba en el pico de su carrera artística. No tenía por qué demostrar nada a nadie. Con el éxito mundial de sus joyas para Tiffany, su talento artístico no necesitaba más”, explica Stefano Palumbo, miembro del consejo de administración de la Nando and Elsa Peretti Foundation. “Ella podía haberse sentado en Montecarlo o en su casa en Sant Martí Vell tranquilamente, pero se reinventó. Y esto fue muy propio de ella.” Palumbo se refiere al año 2000, veintiséis años después de que el célebre diseñador Halston presentara a Elsa Peretti a Tiffany & Co. Esa historia ya se ha contado y consagrado. “Me introdujo en ese mundo llevándome de la mano; me animó a crear compartiendo conmigo su entusiasmo”, le contó Peretti en una ocasión a Grazia Italia, hablando de Halston. La fama en el mundo de la joyería no tardó en llegar tras su traslado a Nueva York. Elsa Peretti congenió con Liza Minnelli, dominó la escena de Studio 54 y dejó atónito a Helmut Newton cuando posó ante él con un traje de conejita. En una ocasión, al recordar aquella época, Peretti describió cómo sobrevivía a base de champán, caviar, vodka y cocaína cuando empezó a diseñar joyas. En 1969, sus diseños se utilizaron por primera vez como complementos en un desfile de Giorgio di Sant’Angelo, pero fue el 24 de septiembre de 1974 cuando Peretti presentó su primera colección de joyas para Tiffany. Cuando se levantó el cierre del escaparate de la tienda, la colección ya se había agotado. Todavía en la década del 2010, el 10 % de las ventas de Tiffany procedía de sus diseños, una proporción que se mantuvo relativamente estable hasta la muerte de Peretti, en el 2021. 

Este relato deja cosas fuera. ¿Cómo no iba a hacerlo? Pocas personas tuvieron una vida tan prolífica y fascinante como Elsa Peretti. El propósito del documental Elsa a Catalunya, que se proyectó en septiembre en el Palau de la Música, en Barcelona, es explorar aquello que enmarcó su trayectoria profesional, la influyó, la sostuvo y creció a partir de ella. El documental ilumina las raíces catalanas de la modelo y joyera italiana y todo lo que surgió de ellas. Habla, por supuesto, de la gaucha divine. De esas noches inolvidables en que su familia catalana comparte recuerdos, no solo de los tiempos frenéticos, sino también de cómo siguieron presentes en la vida de Peretti cuando la etapa neoyorquina pasó a ocupar el primer plano. Oscar Tusquets, por ejemplo, contó que lo habían parado en la aduana y que los agentes estadounidenses, visiblemente desconcertados, le preguntaban por qué aquel destacado editor necesitaba llevar tantas joyas en el equipaje. 

“Cada vez que se vende una joya de Tiffany en cualquier lugar del mundo, una pequeña parte de los ingresos se destina a financiar los proyectos de la fundación”, aclara Stefano Palumbo, quien añade que uno de los datos importantes que tendría que tener mayor énfasis en el documental es que “toda la producción de las joyas Peretti de Tiffany se hacía en España, y todavía hoy se sigue haciendo aquí”, explica. “Esta era la manera que tenía Elsa Peretti de dar las gracias a España. Siempre se mantuvo muy fiel a los mismos artesanos catalanes con los que empezó en los años sesenta. Por supuesto, algunos fallecieron, pero están sus hijos y sigue siendo el mismo taller. Tiffany todavía vende joyas de Peretti fabricadas en España”. 

“Elsa empezó preguntándoles cómo podía materializar sus ideas y por eso, cuando firmó su primer contrato con Tiffany, aquellos artesanos ya trabajaban con ella”, explica Stefano Palumbo. “Continuó trabajando con ellos para Tiffany y no dejó de hacerlo hasta que fallecieron. Sin embargo, siguió colaborando durante años con el hijo de Abad. A través de ellos, conoció a Ramón López y Rafael Carbonell, de D’or Joiers. Habría sido mucho más fácil hacerlo todo en Estados Unidos, pero ella quería contar con la experiencia única que ofrecía la artesanía catalana. Lo que se hacía en Barcelona estaba mejor hecho que lo que se podía hacer en Estados Unidos. Y confiaba en aquellos artesanos”. “Una vez dijo Peretti: A veces pienso que debería pasar más tiempo en el taller, pero no; es mejor descubrir lo que realmente lleva dentro un buen artesano”. 

Aquella cima fue también el punto de partida para que la joyera impulsara la Nando and Elsa Peretti Foundation, un proyecto que sacaría a la luz una faceta de Peretti que hasta entonces había llevado dentro. Stefano Palumbo forma parte de la fundación desde sus inicios. En este sentido, recuerda un viaje revelador que marcaría para siempre el rumbo de su trabajo, cuando la entidad todavía se llamaba únicamente Fundación Nando Peretti, sin el nombre de Elsa. En el 2001, Palumbo acompañó a Peretti en un viaje a Amán, Jordania, pues quería empezar a conocer proyectos de protección medioambiental. Ese año se celebraba allí una gran cumbre que reunía a organizaciones de todo el mundo dedicadas a esta cuestión. “Después de un día, me dijo que estaba muy aburrida porque todo era extremadamente técnico. El enfoque filantrópico utilizaba un lenguaje muy complicado y no se entendía hasta dónde querían llegar las organizaciones, cuál era el problema, cuánto dinero tenían ni qué pretendían hacer. Era todo muy teórico”. 

Peretti pidió a Palumbo que organizara una cena con cuatro o cinco organizaciones para conocer a las personas que estaban detrás de entidades como Flora & Fauna International, Wildlife Conservation Society o WWF. Palumbo recuerda aquella reunión, que tuvo lugar en una tienda en el desierto. “De pronto, se encontraron con una cena completamente diferente a todo lo que habían vivido hasta entonces. Una cosa es reunirse con la fundación de un banco o de una empresa que quiere aportar dinero y se preocupa por el asunto, y nada más. Otra muy distinta es encontrarse con una mecenas que tiene sus propias ideas sobre el medio ambiente, que te las explica y espera que le respondas directamente sobre proyectos concretos, porque quiere saber exactamente adónde va el dinero. En Elsa encontraron a una mecenas propia de la Edad Media, profundamente arraigada en una visión de la filantropía como ideología”. 

Los primeros proyectos no se llevaron a cabo en España, pero en el 2014 la fundación creó su delegación en Cataluña. Para entonces, Elsa ya había dejado su huella en Barcelona al fundar el teatro Akadèmia en el 2007, un proyecto que quizás no habría salido adelante en manos de otra persona. “El teatro nació de una idea diferente. Ella había comprado lo que antes era un parking y le habían dicho que debía mantenerlo como tal, porque un parking en Barcelona es como una mina de oro. Recuerdo que me dijo: ‘¿Un parking? ¿Qué tengo que ver yo con un parking?”.

No iba a ser ningún aparcamiento. Peretti estaba decidida a llevar lo mejor a aquel pequeño teatro. Invitó a Isabel Rossellini a actuar en tres ocasiones e hizo traducir al catalán por primera vez obras de teatro para que pudieran representarse, como Al Galop, la obra con la que se inauguró el teatro. 

Eso no fue todo. Con los años, la fundación ha consolidado su presencia en Cataluña mediante su colaboración con la Fundació Güell, para apoyar a arquitectos emergentes; con la Associació Selvans, para proteger los bosques; y este año, con la Fundació Girona Est, con la que apoyan un proyecto dirigido a infancia y jóvenes de una de las zonas de la ciudad que afrontan mayores retos sociales. “Elsa siempre decía: ‘Quiero dar una parte de lo que la vida me ha dado’”, narra Palumbo. “Es la manera de entender la filantropía que Elsa tenía muy interiorizada: no quedarse solamente en la ayuda económica, sino intentar abrir puertas, crear conexiones y ofrecer experiencias que puedan cambiar la percepción que una persona joven tiene de sus propias posibilidades”.

 

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Nathan Haimowitz
October 26, 2026